El PP ya no se autodestruye, se despedaza

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El PP ya no se autodestruye, se despedaza

Mensaje por Cybernauta el Jue Feb 20, 2014 2:58 pm

Con un autista incapaz al frente como Mariano Rajoy, que ha colapsado la economía, el PP avanza a gran velocidad en su proceso autodestructivo, de modo que ya se despedaza. Estamos en una etapa postPP y ese escenario previsiblemente va a ser certificado en las elecciones europeas.

El PP gobierna con mayoría absoluta y domina la mayor parte de las autonomías y los ayuntamientos. Su oficina de colocación es inmensa. A pesar de tal disfrute del poder, el PP acaba de sufrir una escisión con Santiago Abascal y Alejo Vidal-Quadras. Además, José María Aznar no ha querido estar en la Convención de Valladolid, convirtiendo su desafección en noticia y boicoteando lo que pretendía ser un relanzamiento.

El PP está en caída libre en Vascongadas y Cataluña. Ciudadanos puede considerarse, en parte, también una escisión del PP que está relacionada con la posición tibia, condescendiente y pactista de los populares en esa región. En Vascongadas, el PP heroico de María San Gil se siente traicionado y Arantza Quiroga está seriamente enfrentada con Alfonso Alonso. También va por el despeñadero en la Comunidad Valenciana, donde ni tan siquiera tiene recambio para un Alberto Fabra al que nadie quiere y que ha tenido la desfachatez de colocar a su amiga íntima como número dos de la Generalitat y cuyas escapadas conjuntas a hoteles de lujo han sido pagadas por el contribuyente, incluso la cesta de la compra. Sin la Comunidad Valenciana, el PP no podría ganar nunca unas elecciones generales. Es seguro que en la Comunidad Valenciana, el PP sufrirá un descalabro en términos de catástrofe irreversible.

En Madrid también se han acumulado los problemas, desde el desprestigio de la nulidad de Ana Botella, hasta la imputación de la esposa de Ignacio González en relación con el ático de Estepona, presunto regalo del empresario Enrique Cerezo.

Por si fueran pocos estos conflictos internos, el PP ha resuelto muy mal y con gravísimas tensiones internas la siempre asignatura pendiente de Andalucía. El ascenso de Juan Manuel Moreno Bonilla -con falsedades en su currículo oficial, que en muchas democracias obligarían a su dimisión- se ha hecho contra la decisión de la secretaria general, María Dolores de Cospedal, y bajo la influencia de Soraya Saénz de Santamaría -y de Javier Arenas- lo que implica una grave división entre Génova y Moncloa. El partido está desactivado, mientras el Gobierno vive en la complacencia de sus propias mentiras, con un Rajoy sin iniciativa, encerrado en un síndrome de La Moncloa agudo.

Los dos grandes ejes de comunicación política del insulso Mariano Rajoy han ido fracasando: el de la herencia y el de la recuperación.

El primero, porque si bien Zapatero fue un desastre sin paliativos, el PP gobernaba tan mal como el PSOE en muchos lugares que contribuyeron al desastre, como en Valencia. El segundo porque, por mucho que se repita, es mentira. No puede haber nunca recuperación con este sistema de casta parasitaria. Rajoy y el PP nunca han sido la solución sino el problema, parte del problema.

La huida masiva de votantes del PP es una tendencia constante en las encuestas. Las impresiones de la calle van mucho más allá, porque los sondeos tienden a ser conservadores. Resulta casi imposible escuchar a alguien defender a Rajoy, a su Gobierno y a su partido. Con todos los problemas territoriales reseñados -hay muchos otros: problemas de liderazgo en Murcia y Castilla y León, por ejemplo- el desastre electoral del PP puede ser de órdago. En Génova se conformarían con la pérdida de seis diputados o con quedar unos votos por delante del PSOE, aunque no las tienen todas consigo y el pánico es creciente.

Aunque las elecciones al Parlamento europeo no tienen propiamente un reflejo en la política nacional, en este caso establecen un principio de legitimidad. Los españoles podrán decir en las urnas lo que piensan de este Gobierno. Si el ejecutivo de Rajoy recibe un varapalo significativo tendrá que afrontar tensiones internas todavía de mucho mayor calado y carecerá de la autorictas, de la fuerza moral para mantener el control de la calle, la paz social. Se habla incluso de un grupo de diputados, aznaristas, que estarían dispuestos a plantear problemas a Rajoy. El pánico en regiones y localidades sería elevadísimo porque un alto porcentaje de cargos del PP tomarían conciencia de que van a perder su puesto de trabajo. Un Gobierno derrotado sería un Gobierno deslegitimado ante la oposición y ante los movimientos de resistencia civil.

Si bien el PSOE consiguió mantenerse en Andalucía, el Partido Popular tiene ahora en peligro sus principales feudos -Madrid y Valencia- y sólo tendría su principal cuartel de invierno en Galicia y quizás Castilla y León. La oficina de colocación menguaría de manera superlativa hasta poner en riesgo la propia supervivencia de la formación política que es básicamente una coalición de intereses. No es descartable que desaparezcan las siglas PP como desaparecieron las de la UCD.

En este escenario, se abren grandes posibilidades para nuevas formaciones que desarrollen una nueva política que sea capaz de captar a los descontentos -también del PSOE y del sistema de casta parasitaria en su conjunto- como es el caso de SOLUCIONA. No en vano esta formación política ha comenzado a sufrir los primeros ataques.

Enrique de Diego.
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