“Yo no era fan de Trump. Pero esta histeria es hipócrita”, por Jonathon Van Maren

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“Yo no era fan de Trump. Pero esta histeria es hipócrita”, por Jonathon Van Maren

Mensaje por Memento el Sáb Feb 04, 2017 8:36 pm

La izquierda ha caricaturizado a Trump como un dictador grotesco y los gritos ahora son tan fuertes que es casi imposible distinguir lo real de lo falso. El escritor pro-vida Jonathon Van Maren lo analiza con ironía en su blog de LifeSiteNews.com

Durante las dos últimas semanas, todos se han estado volviendo locos. Nunca he visto este nivel de histeria, de retórica hiperbólica y temor, ni siquiera cuando la izquierda decidió en bloque que George W. Bush era peor que Hitler.

Parece que el movimiento progre ha decidido que un antiguo liberal de Nueva York es la encarnación del mal puro y representa todo a lo que uno debe oponerse, por incoherente que sea.

Algunas de las críticas están justificadas, pero todas ellas, hasta ahora, han sido hipócritas, especialmente si se considera que la otra opción para la presidencia de los Estados Unidos era Hillary Rodham Clinton.

“Lo que sí sé es que Barack Obama suspendió la inmigración de Irak durante seis meses, y nadie dijo ni pío”

Consideremos solo algunas de las recientes acusaciones que se están formulando contra Trump:

Arrow “Donald Trump es un fascista que asesina la libertad de América”, debido a su prohibición temporal para viajar a EEUU a siete países con un historial como productores de yihadistas, que implementó para mejorar los procedimientos de investigación.
Para que conste, aún no tengo una tajante opinión sobre esta cuestión, en uno u otro sentido. Lo que sí sé es que Barack Obama suspendió la inmigración de Irak durante seis meses, y nadie dijo ni pío.

Peor aún, uno de los últimos actos de Obama antes de la dejar el cargo fue acabar con la larga política estadounidense de conceder asilo a los refugiados cubanos que llegan sin un visado. ¿Dónde estaba entonces la indignación por la gente que escapa una dictadura, muchos con familiares en Florida? A nadie le importó.

Arrow “Donald Trump es un ‘títere ruso'”, porque las fuentes afirman que los hackers rusos pueden haber sido la fuente de Julian Assange en la filtración de correos electrónicos demócratas, independientemente del hecho de que las filtraciones simplemente mostraron al pueblo estadounidense lo que pensaban políticos como John Podesta.
Por otro lado, la Fundación Clinton podría recibir millones y millones de dólares de países especializados en abusos de los derechos humanos, y nadie lo vio como un problema. Evidentemente, está bien ejecutar un esquema de “paga para jugar”, siempre que tú juegues en el lado correcto.

“La otra opción ante trump fue una mujer que permitió a Bill Clinton, presunto violador, acosador sexual en serie y depredador, usar sexualmente a una subalterna”

Arrow “Donald Trump es un cerdo misógino” debido a su tratamiento hacia las mujeres en el pasado, y esto significa el regreso del patriarcado. Ahora, voy a ser el primero en decir -y lo he escrito muchas veces durante las elecciones- que Trump es culpable de los cargos. Su comportamiento ha sido el de un cerdo misógino durante décadas.

Pero la histeria es un poco difícil de manejar teniendo en cuenta que la candidata que se enfrentaba a Trump era una mujer que permitió a Bill Clinton, presunto violador, acosador sexual en serie y depredador, usar sexualmente a una subalterna de la Casa Blanca 27 años menor.

Hillary, de hecho, se encargó de suprimir lo que llamaron bimbo eruptions (rumores sexuales) durante la campaña de 1992, trabajando para destruir la reputación de cualquier mujer que diera un paso para protestar acerca de Bill.

“Están furiosos por el indignante uso de decretos presidenciales por parte de Trump, a pesar de que Barack Obama renunció a la legislación hace mucho tiempo e impuso casi toda su agenda por decreto”

Y siguen y siguen los agravios. Los republicanos obstruyeron la confirmación de Merrick Garland como juez del Tribunal Supremo, dice la izquierda, y esto fue una farsa. Convenientemente, ignoran el hecho de que los demócratas comenzaron la tradición de usar a la Corte como arma arrojadiza cuando difamaron y calumniaron a Robert Bork e intentaron hacer lo mismo con Clarence Thomas.

Están furiosos por el indignante uso de decretos presidenciales por parte de Trump, a pesar de que Barack Obama renunció a la legislación hace mucho tiempo y realizó casi toda su agenda por decreto. En cada caso, no es lo que Donald Trump está haciendo lo que genera esta indignación, es el hecho de que han perdido el poder. No son los métodos que está utilizando, es el hecho de que están en desacuerdo con su agenda.
La izquierda siempre usa la política de la demonización para silenciar y marginar a sus oponentes, y están acostumbrados a controlar los resortes del poder. La troika cultural del cine, la televisión y la música casi siempre pronuncia los mismos juicios y bases de las causas progresistas.

Los medios de comunicación han abandonado toda pretensión de neutralidad en los últimos días de la campaña.

Y durante casi una década, los progresistas tenían a Barack Obama en la Casa Blanca, iluminando los terrenos con el arco iris, abrazando a Cecile Richards y usando una legislación preexistente para forzar el concepto biológicamente analfabeto de “identidad de género” en las escuelas de Estados Unidos.

Con la llegada de Trump, han encontrado que su exagerado fariseísmo no les da derecho a nada en una democracia. Renunciaron a los argumentos hace bastante tiempo, y en su lugar pasaron el tiempo sermoneándonos al resto sentando cátedra moral. La gente se cansó de ello y les arrebató su poder.

“La izquierda lo está tratando como un demonio invasor que deben exorcizar, y ha perdido por completo su capacidad de ver las cosas objetivamente”

La izquierda amenaza la democracia

Es irónico que mientras que las acusaciones sobre el “fascismo” de Trump se desmadran por los pasillos de Internet, es la izquierda la que realmente está amenazando la democracia.

Es la izquierda, después de todo, la que está afirmando que se les “robó” la elección. Es la izquierda la que quiere reorganizar el sistema político estadounidense (deshacerse del Colegio Electoral) para asegurarse la victoria en las elecciones presidenciales.

Es la izquierda la que está reclamando que un presidente democráticamente elegido no es el presidente “legítimo” simplemente porque discrepan de su agenda y le odian visceralmente. El espantoso Keith Olbermann llegó tan lejos como para decirle a Bill Maher que Estados Unidos no tuvo una contienda electoral: “Fuimos invadidos, eso es todo”.

Seguramente la gente caerá en la cuenta de que esta convulsión neurótica que está sufriendo la izquierda no es útil.

“La Segunda Guerra Civil Americana está en marcha y las trincheras no podrían estar más definidas”

Yo no era un fanático de Trump, pero ahora que Trump es presidente, tengo el mismo enfoque que Ben Shapiro y la National Review: apoyar al presidente cuando podemos apoyarlo, y criticarlo cuando no podemos. En otras palabras, tratarlo como un político deficiente.

La izquierda, sin embargo, lo está tratando como un demonio invasor que deben exorcizar, y ha perdido por completo su capacidad de ver las cosas objetivamente.

Por ello, una “prohibición temporal de viajar” se convierte en una “prohibición musulmana”, los nombramientos gubernamentales de personas con experiencia militar convierten el gabinete en una “junta” y el uso de las tácticas de Obama se convierte en “fascismo”.

La izquierda ha perdido el poder y ha entrado en pánico. Los próximos cuatro años van a ser una constante pelea callejera.

La izquierda ha caricaturizado a Trump como un dictador grotesco y los gritos ahora son tan fuertes que es casi imposible distinguir los hechos.

La Segunda Guerra Civil Americana está en marcha y las trincheras no podrían estar más definidas: la descarada hipocresía de la izquierda combinada con su desalentadora histeria ha revelado que han perdido su capacidad de ver en términos políticos a aquellos con quienes discrepan.
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El optimismo de los americanos crece tras las primeras medidas ejecutivas de Trump

Mensaje por Melquiades el Dom Feb 05, 2017 11:35 am

El optimismo de los estadounidenses respecto a su país ha recuperado los niveles de hace 12 años y ya el 47% cree que va en la dirección adecuada -16 puntos más que hace un mes-, según un sondeo publicado por Rasmussen Reports y elaborado a través de llamadas telefónicas en la semana del 22 al 26 de enero, justo cuando el presidente republicano dio a conocer sus primeras órdenes ejecutivas.

Rasmussen Reports también señala que la mayoría de los americanos -el 50%- está a favor de que el Gobierno reduzca de forma drástica el apoyo económico de su país a Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales, mientras que el 33% se opone y el 17% se muestra indeciso. Cabe recordar que EE.UU sufraga el 20% del coste de la ONU y que Trump señaló que era “un club en el que unas personas quedan, hablan y pasan un buen rato’’.

Además, el 58% cree que México debe pagar por lo menos algunos de los costes asociados a la construcción del muro en la frontera entre Estados Unidos y México para detener la inmigración ilegal y el 22% señala que debería pagar “todos” los costes.

Respaldo al veto a los inmigrantes musulmanes

Cabe destacar que el presidente prometió en campaña electoral ejecutar un plan de 28 medidas en sus primeros 100 días de gobierno en caso de ganar las presidenciales y en sólo dos semanas ya ha cumplido 13, más del 40%, hecho que ha motivado que gran parte de sus votantes miren al futuro con mayor esperanza y crean que su país va en el rumbo correcto.

Trump, que se comprometió a derogar el “infausto” legado de Barack Obama, ya ha dado los primeros pasos para derogar su reforma sanitaria, eliminar o revisar los tratados de libre comercio, reconstruir el ejército, continuar la construcción del muro con México que inició Bill Clinton y suspender la inmigración de países propensos al terrorismo. Esta última medida es aprobada por la mayoría de los estadounidenses.

Un sondeo de Reuters, realizado entre el 30 y el 31 de enero, señala que el 49% está “totalmente de acuerdo” o “de alguna forma apoya” el veto migratorio a siete países -Irán, Irak, Libia, Somalia, Sudán, Siria y Yemen- durante 90 días hasta que el Departamento de Estado articule los mecanismos necesarios de control, mientras que el 41% asegura no estar de acuerdo. https://laeratrump.com/era-trump/reacciones/optimismo-trump-20170203-0700
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Re: “Yo no era fan de Trump. Pero esta histeria es hipócrita”, por Jonathon Van Maren

Mensaje por El fumador el Mar Feb 07, 2017 9:35 pm

Lo que me parece penoso y peligroso es que la indignación mundial hacia Trump ha estallado tras el veto de 4 meses para entrar a Estados Unidos a ciudadanos de países musulmanes donde la cantidad de islamistas es muy importante. O sea TODAS LAS IZQUIERDAS de los paises ricos son pro-islam (y sabemos desde hace décadas que son anti-Cristiandad). Aunque les duela a los vendidos Juncker, Merkel y hollande, los ciudadanos europeos NO QUEREMOS MÁS ISLAM EN EUROPA (Y POR LO TANTO TAMPOCO MÁS ISLAMISTAS QUE VIENEN POR MILES ENTRE LOS REFUGIADOS INVITADOS POR MERKEL).
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Trump es una esperanza para clases medias y ciudadanos

Mensaje por Tristan el Lun Mar 27, 2017 10:46 am

Trump es un enemigo para la casta y para los "progres", pero es también una esperanza para los ciudadanos, las clases medias y los demócratas. Una de las grandes reivindicaciones de los demócratas es que quieren un Estado más pequeño y gobiernos muy controlados por las leyes y los ciudadanos, justo lo contrario de lo que quieren los socialdemócratas y las derechas tradicionales, infectadas de leninismo, cada día más adoradoras del Estado, más intervencionistas y más rodeadas de poder. El objetivo de Trump es devolver sentido a la democracia, que está prostituida y degradada en todo el mundo, y gobernar para los ciudadanos, algo que los políticos tradicionales y la izquierda socialdemócrata lleva décadas sin hacer.

Los que de verdad están de los nervios con el triunfo de Trump y están haciendo todo lo posible por destruirlo son los socialdemócratas y la derecha tradicional, que llevan décadas intentando convencer al mundo de que la única política posible es la que ellos practican, que consiste, básicamente, en sustraer el dinero de los ciudadanos para financiar sus lujos, privilegios y a sus amigos y aliados del establishment, bancos y medios de comunicación.
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El acoso a Donald Trump sigue vivo porque la casta política mundial, al no poder controlarle, teme que descubra ante los ojos del planeta la grandes mentiras, arbitrariedades y abusos que rodean a los políticos. La "casta", que quiere desprestigiarlo y quitarle toda credibilidad, ataca a Trump llamándole "populista", pero él no es populista sino el peor enemigo del populismo. Los populistas quieren más Estado y un gobierno fuerte dominado por ellos, pero Trump hace justo lo contrario y está restando atribuciones y poder al gobierno federal de EEUU.

La primera gran diferencia que se percibe en Estados Unidos es que Obama y Hillary machacaban a lo que denominan "chusma" y Trump quiere beneficiarlos con el "Primero América". Por eso todos los políticos de la vieja escuela y sus aliados de los medios de comunicación le atacan y nadie, salvo los que le han votado, lo defienden. El multimillonario Soros, junto con las grandes finanzas, está financiando las furiosas protestas anti-Trump a nivel internacional.

La verdad descarnada tiene dos caras: la primera es que Trump es un maleducado, poco cuidadoso con las formas y sin sentido de la diplomacia, que utiliza palabras muy duras, a las que la sociedad no está acostumbrada, generando así oleadas de rechazo; la segunda es que en verdad Trump está machacando a lo que denominamos "casta" y esos poderosos, acostumbrados dominar el mundo, se defienden con todos los hierros.

Trump y otros partidos a los que quieren degradar llamándolos "extrema derecha" luchan para demostrar que desde el poder se puede beneficiar a los pueblos y crear una sociedad justa, donde los poderosos de las élites financieras y de las transnacionales no salgan siempre ganando. El gran problema es que es difícil percibir la verdad porque hay demasiada gente interesada en confundir y engañar para que la mentira siga reinando.

A la derecha tradicional y a la socialdemocracia solo les ha interesado hasta ahora el dinero, no el bienestar de sus pueblos y ponerse al servicio de los intereses mas mezquinos y espurios del establishment.

Nadie niega que las formas de Trump son narcisistas y tiránicas, pero si se trasciende a la forma y se penetra en el fondo se descubren las miserias de lo viejo: la hipocresía de Obama y Hillary Clinton destruyendo Libia, armando al Estado Islámico, destruyendo Siria y apoyando una políticas mundial que beneficia a los ricos y descapitaliza a las clases medias y trabajadoras. Esa senda hipócrita es la que siguen en todo el mundo la socialdemocracia y las derechas tradicionales.

En España, los discípulos aventajados de Obama, Hillary y la gran hipocresía son el PSOE y el PP, partidos corrompidos que afirman gobernar para el pueblo pero que solo lo hacen para ellos mismos y para sus aliados empresariales y financieros del establishment.

Esa política hipócrita, acostumbrada a desvalijar a los ciudadanos y a gobernar en contra de los intereses del pueblo y de la voluntad popular, estigmatiza a los partidos de derecha nacional llamándoles de "de extrema derecha", proteccionistas y populistas.

¿Acaso los políticos deben ir en contra de los ciudadanos? Estamos invadidos por un discurso torticero y falso, apoyado por los medios de comunicación sometidos al poder, que nos hace creer que lo blanco es negro. que no existe otra política posible, que la democracia que ellos han prostituido es la verdadera democracia y que un hombre puede ser una mujer solo con sentirlo. Esas mentiras, unidas al miedo y a la confusión informativa, es la receta que se imparte en la mayoría de las escuelas y televisiones occidentales, causando daños terribles. Al que se opone a esa falsedad inmunda, le llaman facha o retrogrado.

El tirano explota, aplasta y oprime a sus ciudadanos, sin trabajar nunca para que ellos estén mejor. Trump es un tirano para la élite global pero no para la clase media, trabajadores y empresas, a los que les ha bajado los impuestos y les va a facilitar puestos dignos de trabajo. Los tiranos son los que nos aumentan los impuestos, nos hacen recortes, nos bajan los sueldos. No nos equivoquemos de tiranos por las formas. Observemos sus obras.

Estamos en la fase de descubrir que Trump es un político distinto a los hipócritas que dicen trabajar para el pueblo y solo benefician a las élites, como Obama, Rajoy, Zapatero, Hollande, Merkel y muchos otros. En el futuro, si Trump se comporta como los demás, podemos llevarnos una decepción, pero no será mayor de la que nos llevamos con Obama o la que estamos sufriendo con los falsos demócratas de Europa. No tenemos seguridad plena de que Trump sea un demócrata que luche por su pueblo, pero al menos sabemos que los que hoy le critican nunca han hecho nada por los ciudadanos y por el ese progreso que tanto defienden. Ellos han gobernado para la guerra, las élites y la degradación de la democracia.

El mundo se está poniendo tan complicado y confuso que el ciudadano necesita acceder a información fiable y disponer de análisis y enfoques certeros que neutralicen y desmanteles las falsedades y engaños de los políticos y de sus medios de comunicación sometidos. Ese acceso a información certera y honrada es vital para la libertades y derechos ciudadanos en un mundo donde los piratas, los corruptos y los miserables siempre avanzan. http://www.votoenblanco.com/Trump-es-una-esperanza-para-clases-medias-y-ciudadanos_a6710.html
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Malditos los canallas que encubren al islamista que asesinó a una niña en París y acusan a Trump de defender a los “racistas” de Virginia

Mensaje por Leónidas el Miér Ago 16, 2017 1:07 pm

AD.- La prueba más evidente de la maldad del nuevo orden que nos está siendo impuesto es la degradación del lenguaje para según qué fines y pretensiones. Apenas unas horas después de que la histeria se desatara en todos los confines de la tierra y se acusara a Donald Trump de fomentar el racismo por los incidentes que dejaron una persona muerta y 19 heridas en Charlottesville, Virginia, un hombre de religión islámica estrellaba su vehículo contra la terraza de una pizzería en Seine-et-Marne, en las afueras de París. Una niña de 8 años murió en el ataque y otras siete personas resultaron heridas. Ante este penúltimo asesinato de los de la “religión de la paz”, silencio oficial y apenas unas breves reseñas en las secciones de sucesos.

El conductor fue detenido y, como suele ser indignantemente habitual, nos dijeron que se desconocían las motivaciones del asesino. Tras la ceremonia del despiste, la ceremonia de los atenuantes. No había sido aún retirado el cadáver de la pequeña cuando el fiscal adjunto de Meaux, Eric de Valroger, señaló a la prensa que el presunto homicida, un hombre de nacionalidad francesa nacido en 1985, se encontraba bajo los efectos de narcóticos, sin precisar de cuáles se trataba, y que posiblemente trataba de suicidarse. Por supuesto, la canalla lacayuna dio por válidas las explicaciones y no se indagó más.

Este sangriento suceso se suma a otro similar ocurrido hace menos de una semana y en el que seis militares sufrieron heridas como consecuencia de otro atropello en Levallois. El conductor, de origen argelino, fue detenido tras huir del lugar de los hechos. Las autoridades galas también recurrieron al comodín de los atenuantes para mantener la farsa.

Lo novedoso del suceso de ayer en París es la aparición de una nueva modalidad del lenguaje, que consiste en conceder vida propia a objetos materiales para exonerar a los yihadistas. La agencia Efe llegó a despachar que un vehículo se estrelló “de forma voluntaria contra la terraza de una pizzería en Seine-et-Marne, en las afueras de París”. Con un par.

No consta que el presidente de Francia Emmanuel Macron se pronunciara contra este nuevo ataque terrorista en territorio francés. Ningún líder extranjero, ningún grupo mediático, ninguna organización progresista, ningún partido político del arco parlamentario, ni siquiera el de Marine Le Pen, sometieron al mandatario galo al brutal linchamiento del que sólo unas horas antes fue objeto Donald Trump por “no denunciar a los grupos nazis desencadenantes de los graves incidentes en Virginia”. La oficialidad había dictado el tercer grado a quienes contaban con todas las bendiciones legales para celebrar un acto contra la retirada de una estatua del general Lee y que tuvieron que vérselas con centenares de activistas progres llegados de todo el país para conseguir lo que justamente lograron: la criminalización del adversario ideológico a ojos del mundo. Aunque la realidad de los incidentes en Virginia distaba mucho de la versión de los hechos, ¿a quién le importaba?

La prensa enseguida nos ofreció un amplio catálogo de detalles sobre los malvados supremacistas y desde el minuto cero tronaron las voces que acusaban a Trump de complicidad con los “racistas”. Las encolerizadas voces encontraron eco en todos los rincones del mundo donde la influencia de Soros es manifiesta. Trump, finalmente, tuvo que hacer frente al diluvio, desmarcándose de unos hechos con los que no tuvo relación política alguna, y condenando en los términos más severos a los que habían sido proclamados falsamente sus causantes. Como por arte de birlibirloque, los amos de la opinión publicada nos ofrecieron, casi en tiempo real, una pormenorizadísima lista de intimidades del hombre que supuestamente atropelló con su vehículo a un grupo de activistas progres. En esta ocasión, la voluntariedad homicida del vehículo fue traspasado a su conductor. Conocimos así aspectos tan borrosos de su biografía como su querencia al gatillo, un pasado esquizofrénico, los malos tratos a su madre, su historial conflictivo en el instituto, su afición a los deportes violentos, su colección de insignias nazis o su apoyo al movimiento confederado.

Del que mató a una niña en París, ni un solo dato que corone su perfil asesino, ni una sola referencia a los grupos radicales con los que se movía, ninguna mención a posibles contactos en las redes con yihadistas. El momento más hilarante se alcanzó cuando los que exoneran al islamismo de cualquier crimen cometido en su nombre, que han ordenado a policías y periodistas la utilización del término “terrorismo internacional” en vez de “terrorismo islámico”, que se niegan a condenar las llamadas a la violencia que citan como fuente el libro sagrado de los musulmanes, sean los mismos que han acusado a Trump de no dictar sentencia de pena capital contra los patriotas de Virginia.

Sin embargo su decepcionante y cobarde achantada, Trump no tuvo relación, directa ni indirecta, con los grupos que se congregaron en Virginia. En cambio sí podemos asegurar, sin margen de error posible, que los terroristas islámicos que asesinan a niños europeos han tenido la complicidad de los dirigentes locales. La ecuación es simple: a partir del momento que una inmigración-desagüe es autorizada (alentada) por el Estado desde hace 40 años, con una tasa de reproducción de dos a tres veces superior de las poblaciones inmigrantes, con un 90% de ellos musulmanes, y una huida de las élites jóvenes, países como Francia habrán muerto en veinte años. Eso es precisamente lo que los patriotas de Virginia quieren evitar que ocurra en el suyo propio. De ahí la reiterada pregunta: ¿Por qué los que exigieron a Trump que condenase a los “racistas” blancos, no le han exigido a Macron un pronunciamiento firme contra la naturaleza ideológica del que, según las crónicas, parecía un simple objeto decorativo a bordo del “vehículo que se estrelló de forma voluntaria” contra una pizzería parisina repleta de clientes?

Se acusa desvergonzadamente a Trump de encubrir con su silencio al Ku Klux Klan, cuando el último homicidio de este grupo exótico data de 1964, como si los norteamericanos del 2017 sintieran la del Klan como una amenaza real contra sus vidas y sus familias. En cambio nadie le ha pedido a Macron que rectifique sus imprudentes y repugnantes declaraciones del pasado mes de junio, en las que sostuvo que “parte de la culpa de los atentados es de los franceses”, y que “para terminar con el terrorismo hay que acabar con el cambio climático? ¿Bajo qué extraña influencia se puede defender un despropósito tan grande sin que se acuse al presidente francés de actuar como un enajenado? O como un traidor. O como ambas cosas a la vez.

Ahora imagine al lector si el presidente Trump hubiese defendido que la culpa del “racismo” la tienen los anabolizantes. Pero uno ha sido bendecido por la oligarquía globalista y el otro no. El uno coopera con la élite mundialista para el reemplazo demográfico de la población francesa de raza blanca, y el otro todavía no. El uno puede decir que los islamistas son víctimas del cambio climático y al otro se le caería el mundo encima si afirmase, por ejemplo, que los patriotas de Virginia se niegan a ser absorbidos por la ideología globalista.

Y como ariete para esta ubicuidad moral, la torva mirada de los abovinados progresistas europeos, considerando racistas y nazis a quienes nos advierten que la realidad que se vive ya en muchas zonas de Occidente constituye un escenario apocalíptico que, por mucho que nos quieran hacer creer, no responde a un conflicto religioso, al menos directamente, sino a la imposible convivencia de culturas y razas cuyos fundamentos son radicalmente distintos.
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Re: “Yo no era fan de Trump. Pero esta histeria es hipócrita”, por Jonathon Van Maren

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