Cómo distinguir un planeta de una estrella

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Cómo distinguir un planeta de una estrella

Mensaje por Ciencianauta el Dom Sep 30, 2018 11:32 am


Al levantar la vista al cielo nocturno, en una noche despejada, vemos innumerables puntos luminosos. Desde la Antigüedad se sabe que, junto a la inmensa mayoría de estrellas, se encuentran los planetas de nuestro sistema solar. Aunque las diferencias entre planetas y estrellas parecen muy bien definidas, también hay astros con propiedades intermedias.

A simple vista

Las grandes distancias a las estrellas hacen que sus imágenes son auténticamente puntuales: puntos sin dimensiones apreciables. Los movimientos del aire en la atmósfera terrestre producen pequeñas alteraciones en las trayectorias de los rayos luminosos que nos llegan de los astros. Al tratarse las estrellas de puntos diminutos, tenemos la impresión que tales puntos cambian ligeramente de posición y brillo, produciéndose así ese característico parpadeo, ese titilar de las estrellas. Sin embargo, los planetas están mucho más cercanos; aunque no lo podamos distinguir a simple vista, sus imágenes son discos iluminados parcial o totalmente por el Sol. Al tratarse de discos extensos, las perturbaciones atmosféricas no consiguen alterar apreciablemente sus posiciones y brillos. Los planetas no titilan.

Las estrellas, todas muy lejanas, parecen fijas (como los objetos que divisamos al final del horizonte cuando nos movemos en un vehículo), mientras que los planetas, más cercanos, tienen un rápido movimiento aparente. De una noche a otra, es posible ver cómo los objetos del sistema solar se desplazan apreciablemente respecto del fondo de estrellas fijas. Por eso los griegos clásicos los denominaron 'planetas', término que significa 'errantes' o 'vagabundos'.

Energía nuclear

Desde el punto de vista físico, una estrella es una enorme bola de gas con un intenso brillo propio producido por las reacciones de fusión nuclear que tienen lugar en su interior. En esa región central, donde las temperaturas y las presiones son monstruosamente altas, las estrellas convierten el hidrógeno en helio y el helio en carbono y en elementos progresivamente más pesados (hasta el hierro). Las estrellas producen así la variedad de elementos de la tabla periódica, aunque hay algunos de estos elementos que se crean en las explosiones de supernova. Por su parte, los planetas, no poseen fuente de energía nuclear en su interior y no tienen brillo propio; se conforman con reflejar la luz de la estrella alojada en el centro del sistema planetario.

Estrellas y planetas se forman de manera muy diferente. Las estrellas son el resultado del colapso gravitatorio de grandes masas interestelares (nubes) de gas y polvo. Los planetas se forman en discos circunestelares comenzando con la agregación de partículas sólidas que van haciéndose progresivamente mayores (planetesimales).

La evolución en el tiempo también es muy diferente para estrellas y planetas. Las estrellas acaban sus días entre grandes explosiones, ya sea para formar una nebulosa indebidamente llamada 'planetaria', o una supernova. Los planetas no son el origen de tales eventos catastróficos.

Ni estrellas ni planetas

Los astrónomos están de acuerdo en que un planeta es un astro de masa inferior a unas 13 veces la masa de Júpiter, y no tienen dudas de que un cuerpo con masa superior a unas 75 veces la de Júpiter es una estrella capaz de desencadenar la fusión del hidrógeno en su interior. Sin embargo, los valores precisos de estos límites (que están en torno a 13 y 75) todavía se discuten.

Los astros intermedios, con masas comprendidas entre 13 y 75 veces la de Júpiter, se denominan 'enanas marrones'. Aunque poseen propiedades intermedias entre los planetas y las estrellas, muchas de sus características los asemejan más a las estrellas. Se dice a veces que son estrellas fallidas.

Las enanas marrones no son capaces de quemar hidrógeno en su interior, pero pueden desencadenar reacciones nucleares utilizando el deuterio e incluso el tritio (formas de hidrógeno pesado) como combustible. Se desconoce su mecanismo de formación, que podría ser de tipo estelar o planetario, o incluir a ambos. Se han encontrado exoplanetas que parecen ser objetos de este estilo, por ejemplo, 30 ó 40 veces más masivos que Júpiter. Debido a su poco brillo y a su carácter extrasolar, el estudio de las enanas marrones es extremadamente complicado y requiere de telescopios muy grandes. Determinar las propiedades de las enanas marrones es uno de los grandes retos de la astrofísica contemporánea.

Lo dice la ciencia
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